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  • Writer's pictureDaniela Ibáñez

¿Democracia o Cacería de Brujas?



Hace unos 400 años, unas inocentes niñas de la comunidad de Salem, en Massachusetts, empezaron a exhibir comportamientos anormales. Tiritaban, movían su cuerpo de manera extraña, desaparecían por horas adentradas en el bosque inhóspito. Era la época del más acérrimo puritanismo protestante en Estados Unidos.

Muchos años después se conoció que estas niñas seguramente estaban siendo envenenadas al injerir un pan hecho a base de un cereal, oriundo de las tierras que acababan de conocer. Otra interpretación, es que tuvieron una reacción fisiológica colectiva ante el estrés perpetuado por los líderes de la comunidad puritana, y por ende de sus propias familias que se encargaban de ejercer el más estricto cumplimiento de las normas morales. Una desviación, por más involuntaria que sea, era comparable a un acto de paganismo.

Como comprenderán, en 1600, su comportamiento se juzgaría en base a la interpretación esotérica, y no científica, de los hechos. Debido al ánimo colectivo, se determinó que estas niñas serían juzgadas por una Corte de Justicia, presidida por el pueblo. Se les acusaría de brujería, de paganismo, de invocar al mismísimo diablo. El rumor tenía rango de ley y quien hubiera tenido fantasiosas alucinaciones con el actuar de estas criaturas, tenía el poder sobre sus manos de denunciarlas y, por ende, en muchas ocasiones, condenarlas a su muerte. Serían colgadas y quemadas en la plaza pública mientras todos miraban.

Es increíble que más de 400 años después de estos acontecimientos, el oscurantismo impere sobre el sentido común. Hemos tenido un año de histeria colectiva, que nos ha hecho retroceder al más abyecto puritanismo. No concebimos salir a la calle sin una mascarilla – respirar aire fresco en público es un lujo – pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en nuestras casas – recluidos al miedo del virus invisible – y el gobierno actual – Vizcarra y amigos – se han dedicado a una caza de brujas inusitada. Y lo más triste de todo, es que no lo han hecho solos. La mayoría de los peruanos se sienta en esa corte de justicia de Salem y se dedica a inmolarse a sí mismo, acusándose de irresponsables, de inhumanos por salir a la calle – la mayoría por necesidad, dicho sea de paso. Todo rumor, pues, según el Google Mobility Monitor, los peruanos hemos sido uno de los que mejor han acatado la cuarentena… si…tal como lo escuchan.

Vizcarra es el mandamás de Salem, y los peruanos al mismo tiempo somos el pueblo acusador y la bruja acusada (que realmente no es bruja). En juicio están los micro empresarios que salen a ganarse la vida… las amas de casa que necesitan ir a comprar pollo al mercado más de 3 veces a la semana porque no tienen un refrigerador en su casa…los niños que salen a jugar al parque porque necesitan contacto con el mundo exterior y natural para desarrollar habilidades básicas durante su crecimiento infantil…de una u otra medida todos estamos acusados. Y el llamado ‘pueblo’, al mismo tiempo se dedica a lanzar insultos… “pero cómo es posible, que irresponsables, están poniendo en riesgo nuestras vidas…deben encerrarlos más, más mano dura…” La horca de Salem es el hacinamiento peruano durante el COVID, muerte de manera injusta, en manos del autoritario avalado por instituciones capturadas.

Y dentro de toda esta historia, no sorprende que la mayoría de los peruanos quiera una ‘democracia’ al estilo Salem. Un plebiscito constante, un programa de Laura Bozzo, donde todo es acusación, y nada es construcción. La mayoría de los peruanos dice tener alta confianza en la democracia, pero al mismo tiempo piensa que el voto no es secreto y 9 de cada 10 piensan que el empresariado peruano compra elecciones. ¿Entonces, dónde está la confianza? La opinión pública peruana es un sinsentido, está atascada en Salem, intoxicada por el miedo y por el culto al COVID como nuevo estilo de vida. Se resigna y acepta renunciar a sus derechos civiles, y se inmola y se condena a la horca de manera voluntaria.

No basta ver muy lejos para ver las consecuencias de los que se trataría una ‘democracia’, si se podría decir así, de este tipo. No es sostenible. Eliminar la representatividad congresal – que la mayoría de peruanos apoya según la última encuesta del IEP – sería atraparnos en un reloj de arena de manera voluntaria… la historia se repetirá… y nos condenaremos al destino de algunos de nuestros vecinos. Y eso que dicen que Chávez cenaba caviar cada vez que anunciaba un plebiscito…

Hora de salir de Salem y de plantarnos en la realidad. Verla deferente y elegir la democracia. Porque la democracia no es casualidad, es una elección. No es un sistema perfecto, pero sí es perfectible. Cosa que modificar cualquier cosa es imposible en las manos de un dictador. Así que pensemos bien… ¿somos o no somos brujas? Creo que ya saben la respuesta…

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