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  • Writer's pictureValentina del Aguila

El personaje antes que el político



Preguntémonos, ¿cómo percibimos a Castillo? ¿Qué es lo que lo caracteriza? ¿Su pésimo manejo del país? ¿Los escándalos de corrupción? ¿Su sombrero? Cambiemos de personaje, ¿Quién es Rafael López Aliaga? ¿Porky? ¿Alguien que se auto flagela? ¿Un ultraderechista? O pensemos en Keiko, ¿Quién es Keiko? ¿Sus propuestas? ¿La señora K? ¿La hija de Fujimori? Podríamos seguir preguntándonos lo mismo sobre la gran cantidad de personajes políticos que tenemos. Estas preguntas son importantes porque tanto a mí, como a muchos, lo primero que se nos viene a la mente, son los aspectos de la personalidad o de la vida pública o privada de estos políticos.

Se podría decir que los políticos en el Perú son ampliamente juzgados por su carácter, el personaje que presentan ante los medios, y el personaje que los medios crean en torno a ellos. Encontrar datos sobre este tema es difícil. Pero no hace falta ver una estadística para darnos cuenta que en Perú, tanto como en otros países, se juzga al político por su personalidad, su vida privada y los “chicharrones” que se cargan.

En esta columna he decidido explorar brevemente a los personajes de Pedro Castillo, Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga. Esto es debido a que son muy polémicos en estos tiempos, como sabemos Castillo es nuestro actual presidente, mientras que Keiko, no sólo compitió contra él en segunda vuelta, pero tiene una larga historia como personaje político en el Perú, incluso antes de lanzarse como candidata a la presidencia. El caso de López Aliaga es interesante por dos razones: su rápido surgimiento las elecciones presidenciales, y el actual protagonismo que tiene ahora en las encuestas que muestran las preferencias de los ciudadanos para la alcaldía de Lima. Ha sido un surgimiento rápido relativo a sus competidores con mayor tiempo en la política.

Pedro Castillo, siendo el actual presidente, es el personaje más notorio en estos tiempos, sobretodo, por el mensaje que mandó durante su campaña y la contradicción que ahora presenta estando en el poder. Castillo se presentó como un personaje humilde, un profesor de chota que pertenece y quiere luchar por y para el “pueblo.” Se identifica como una persona del pueblo por su pasado humilde como profesor en el Perú rural, y sus ganas de generar un “cambio” que realmente beneficie al pueblo, que, según él, ha sido olvidado y su poder ha sido extirpado. Sus buenas intenciones hacia el pueblo se fundamentan que el ha padecido la pobreza y conoce el sufrimiento de las mayorías. Este personaje ha sido construido tanto por su discurso, cómo por su vestimenta, ya que todos conocen el protagónico sombrero chotano, que estos últimos meses ha dejado de usar. De esta manera, trató de diferenciarse del resto de los candidatos a la presidencia en el 2021 y de los presidentes que hemos tenido durante la historia de nuestra república. Esta estrategia fue exitosa permitiendo la victoria de Castillo, asumiendo el liderazgo del campo colectivista en la segunda vuelta.

Aunque la aprobación de Castillo ha seguido cayendo, originalmente, cuando recién comenzó su mandato y como lo ha mencionado antes una columna del Centro Wiñaq publicada en RPP, la poca aprobación de Castillo se daba debido a su “carácter simbólico.” En una encuesta realizada por IPSOS (El Comercio, 09/14), se da a relucir las razones de aprobación o desaprobación hacia Castillo. Entre los que aprueban su gestión, un 22% indicó que, “es un hombre del pueblo… [que] entiende los problemas del pueblo”, y un 20% lo aprueban debido a que lo perciben como ''humilde” y ''una buena persona”. En general, esto demuestra que al comienzo evaluaron a Castillo, en gran parte, por el personaje que muestra ser o su identidad - su perfil campesino, su imagen humilde y sus gestos - en vez de sus propuestas.

Por otro lado, a Keiko Fujimori se le ha juzgado múltiples veces por su pasado, inclusive se le relaciona con actos que no le competen a ella, pero le agregan peso a su mochila debido al apellido paterno que posee. Aunque se le ha acusado también por posibles actos ilícitos durante las campañas electorales del 2011 y el 2016 en el marco del caso Odebrecht, lo que más ha pesado a la hora de ser juzgada como candidata es el antifujimorismo que existe en el país.

Me imagino que como muchos de ustedes que nos leen por aquí, la última elección ha sido la primera vez en la que he votado. Recordaremos los argumentos que se han utilizado en contra de Keiko durante la primera, y más significativamente, durante la segunda vuelta electoral. En Twitter, constantemente estaba destacado el hashtag #Fujimorinuncamás. Se volvió otra vez tendencia el tema de las esterilizaciones forzadas, la corrupción que existió durante el gobierno de Fujimori, el autogolpe donde se disolvió el Congreso y la creación de la constitución del 93. También muchos recordaron como Keiko fue primera dama por un tiempo e inclusive fue acusada de ser cómplice del presunto abuso que habría sufrido Susana Higuchi de parte de Alberto Fujimori. Nada de esto tiene que ver con las propuestas que Keiko presentó durante su campaña, sino con su historia familiar. Debido a su historia familiar se han llegado a conclusiones sobre su carácter, considerando que ella es malvada y va a seguir con un estilo cruel de gobierno que se atribuye a la dinastía Fujimori. La identidad de Keiko se volvió el Fujimorismo, y aunque esta fue atribuida por el público y algunos miembros de la prensa, ella nunca se deslindó por completo de este personaje.

Rafael López Aliaga también ha sido juzgado por su perfil y carácter, sobre todo durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales el año pasado. Muchos lo recuerdan como el personaje al que se le escapaban ciertos detalles de su vida privada y actitudes poco convencionales y confrontacionales en entrevistas. Desde demarcarse como el candidato más “pro vida” en el país, diciéndole a Juliana Oxenford que es una “asesina”, hasta los rumores que se auto flagela y piensa en la virgen María para no quebrantar su celibato.

Aunque existen individuos interesados en la política que han decidido informarse sobre sus propuestas, tanto sus fans como sus “haters”, su carácter e identidad siguen predominando. Desde un punto de vista liberal, se le criticaba por ser estatista, ya que habría mencionado la idea de aplicar una especie de “Marshall Plan” para el Perú. Desde un punto de vista quizás más progresista, se criticaba su conservadurismo, pero ese conservadurismo que más que nada se reflejaba en su carácter y su perfil. Un hombre blanco, dueño de una empresa millonaria y miembro de la organización religiosa Opus Dei.

A parte de este perfil, no olvidemos lo anteriormente mencionado, la manera en la que se ha expresado en entrevistas. Un ejemplo muy polémico de esto, fue su idea de trasladar a niñas que hayan quedado embarazadas debido a que fueron víctimas de abuso sexual a un “hotel cinco estrellas” como una solución alternativa al aborto. Y aunque uno sea o no sea “pro vida”, este fue un comentario que muchos consideraron fuera de tono, al igual que el comentario que hizo cuando fue cuestionado sobre la eutanasia: “si te quieres matar, te subes a un edificio y te tiras.” Sin dudas, este es uno de los personajes que más ha dado a conocer su carácter mediante sus declaraciones y entrevistas, acumulando la mayor cantidad de minutos en entrevistas de los candidatos del 2021, lo que ha hecho que las propuestas concretas de López Aliaga, sobretodo en el aspecto económico y político, pasen desapercibidas por el público general.

En general, durante las campañas electorales, muchos juzgan a los candidatos por su carácter y su perfil y esto puede que opaque el enfoque en las propuestas. Existen aspectos positivos tanto como negativos ante el hecho de que nos enfocamos en el personaje político. Por un lado, es importante juzgar el carácter de los políticos ya que esto puede determinar cómo actuarán en el futuro. Es importante ver si son confiables, son honestos, las creencias que tienen, sus opiniones, y su pasado, ya que todo esto podría influenciar las decisiones que tomen una vez que estén en el poder. Sin embargo, no podemos dejar que esto sea lo que protagonice las elecciones, sobretodo, si nos enfocamos en aspectos quizás más banales de su perfil, como la vestimenta y raza, que poco o nada, para bien o para mal, van a influenciar en las políticas públicas que se tomen. Esto no sólo conlleva a la “farandulización” de la política ya que nos enfocamos en los políticos como un famoso más y nos entretenemos con el “chongo” y el escándalo, pero esto también permite que los políticos instrumentalicen su identidad para persuadir al votante y así distraerlo de lo que en verdad importa: lo que realmente planean hacer cuando estén en el poder.



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