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  • Writer's pictureDaniela Ibáñez

No esperemos que el Estado nos salve de la inundación


El gobierno peruano ha mostrado tener una baja capacidad para lidiar con los fenómenos climatológicos extremos tales como el Fenómeno El Niño a través de los años. En 1982, el fenómeno del Niño afectó a 6 millones de personas y destruyó 209 mil viviendas; en 1997, a 1.2 millones de personas y a 141 mil viviendas, en el 2017 a 1.6 millones de personas y 65 mil viviendas. Este año, el CENEPRED - Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres - estima que más de 8 millones de personas están en riesgo de ser afectadas por las inundaciones y 3.7 millones por desplazamiento.

Es importante resaltar que gran parte de la responsabilidad sobre la prevención y mitigación de los desastres recae sobre los gobiernos locales. Según COMEX, en el 2022 fueron destinatarios del 44% del presupuesto total asignado para la reducción de vulnerabilidad ante emergencias y desastres y no ejecutaron el 34% de dicho monto. Para colmo, lo ejecutan mal. Un ejemplo es la carretera Canchaque-Huancabamba en Piura que contó con un presupuesto de 446 millones de soles y colapsó en marzo de este año debido a las lluvias. Y por favor que no nos vengan a decir que “no se cayó, se desplomó” porque da absolutamente igual.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos ante todo esto? Nos quedamos de brazos cruzados cuando la autoridad para la reconstrucción con cambios fue un desastre y la nueva autoridad para la infraestructura anunciada por el gobierno de Boluarte no promete nada nuevo? Cuando las autoridades locales siguen siendo igual de incapaces o corruptas y a lo mejor los esfuerzos de la empresa privada - que hay varios - no logran ser suficientes por la magnitud del desastre?

Desde Somos Libres creemos que el empoderamiento de las comunidades es crucial. El Premio Nobel de economía Elinor Ostrom lo explicó bien: los individuos tienen mayores capacidades para organizar la acción colectiva en torno a lo que se conoce como “common pool resources” o “bienes públicos locales” que en este caso serían los recursos naturales involucrados en los desastres naturales. En otras palabras, las comunidades empoderadas suelen tener un mayor nivel de conocimiento y además los incentivos correctos para resolver los problemas en torno a bienes compartidos - como sería el caso de contrarrestar los efectos de los fenómenos climatológicos a través de una buena gestión de prevención ante los problemas con el medioambiente.

Un estudio de las Naciones Unidas para el Desarrollo Regional en Japón que data del 2005 lo explica bien. Como sabemos, Japón es un país desarrollado que enfrenta fuertes fenómenos climatológicos como terremotos, ciclones, huracanes entre otros. El estudio indica que se han observado varias deficiencias en la gestión de desastres a nivel local. Ante esto las Naciones Unidas señala que la capacidad de las personas para responder a este tipo de emergencias se incrementa al proporcionar a las comunidades mayor acceso y control sobre los recursos, permitir mayor participación en la evaluación de riesgos, planes de mitigación, y participación en la implementación.

No esperemos que el estado peruano nos conceda el segundo deseo de Aladino - que nos salve de la inundación. Hay que promover leyes para el empoderamiento de las comunidades que tienen mucho más conocimiento sobre cómo protegerse.


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